Os vamos a hacer un pequeño recorrido por los lugares más impresionantes de la magestuosa India. Para ir abriendo boca os hablamos de dos de ellos.
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| Casa típica de Ahmedabab |
Comenzaremos nuestro viaje por la ciudad de Ahmedabab, principal ciudad del Gujerat y uno de los núcleos industriales más importantes de la India. La ciudad encierra un racimo de monumentos novedosos y originales que son un exponente único del arte indosarraceno, una mezcla hinduista y musulmana. La ciudad fue fundada en 1.441 por el emperador Ahmed Shah, de donde proviene su nombre. Su situación la convertía en un buen punto de intercambio comercial entre los productos del interior y los puertos de la costa de Gujerta. En el siglo XVII era tan grande como Londres y posteriormente llegó a convertirse en el centro de producción textil de la zona. La ciudad se hizo famosa por que fue el lugar desde donde Ghandi inició su marcha de la sal. Los edificio indojarracenos que jalonan la ciudad reside la sabía utilización de los hinduistas y jainistas de los templos existentes en el momento de la conquista. Como exponentes la tumba de Ahmed Shah y la mezquita de Sidi Sayad.
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| Peregrinación a Monte Abu |
Seguiremos nuestro recorrido por Monte Abu, que según la leyenda es hijo de los Himalayas y una especie de Monte Olimpo para los Rajputas. Es considerado por los Rishis como un lugar de meditación. Cuenta la leyenda que en el albor de los tiempos los demonios en forma de serpiente asolaron la región. Los brahamanes realizaron un complicado rito del fuego del que surgieron los 36 clanes de guerreros Rajputas que derrotaron a los demonios que salvaron la tierra. En realidad esta leyenda es hinduista, aunque luego ha sido retomada a su manera por el jainismo, precursor de la construcción de los templos en la ciudad y centro de peregrinación para ellos, quienes acudían en masa y hoy en día siguen acudiendo. En torno a esta idea, al igual que en el budismo se desarrollo una comunidad compuesta de monjes y monjas. Existe un parelelísmo sorprendente entre las figuras de Mahavira y la de Budha. Ambos fueron príncipes y renunciaron a su reino para dedicar su vida a la meditación.

